lunes, 17 de agosto de 2015

Mito de Cupido y Psique

Había una vez, un rey, padre de tres hijas esplendidas. La mas joven, Psique, era mucho mas hermosa que sus dos hermanas y al lado de ellas parecía una diosa entre simples mortales. La fama de su hermosura se extendió por toda la tierra y de todas partes los hombres se ponían en camino para admirar con rendida adoración y prestarle pleitesia, como si de una mortal se tratara. Se llego a decir incluso que la misma Venus no podía rivalizar con ella. Y cuantos mas y mas se presentaban ante ella, menos se acordaban de Venus. Los templos de la Diosa estaban abandonados, sus altares cubiertos de frías cenizas y las ciudades consagradas a la diosa se convertían en ruinas. Todos los honores reservados hasta entonces se le tributaban a una simple muchacha, destina a morir en día no lejano.
La diosa no podía aceptar semejante situación, y como siempre que se encontraba en apuros, requirió ayuda de su hijo, que unos llaman Cupido y otros Amor, y contra cuyas flechas no existe protección en el cielo ni en la tierra. Le contó sus cuitas, y, como siempre, se presto a obedecer sus ordenes. "Usa tu poder -le dijo ella- y haz que esta pequeña desvergonzada se enamore locamente de la mas vil y despreciable criatura que haya en el mundo". El lo habría hecho ciertamente si Venus, olvidando en el furor de sus celos que aquella belleza podría ilusionar al mismo dios de Amor, no le hubiera mostrado antes a Psique. Cuando la hubo visto, el mismo Cupido se sintió con el corazón traspasado por una de sus flechas. Nada dijo a su madre; la verdad es que no tenia las fuerzas para proferir una sola palabra y Venus se marcho convencida de que la tal suerte de Psique estaba echada.
Las cosas, sin embargo, ocurrieron de distinta manera a como ella creía . Psique no pensó nunca enamorarse de un malvado; en efecto, no se enamoro de nadie y, mas extraño todavía, nadie se enamoro de ella. Los hombres seguían satisfechos en su contemplación, admirándola, adorándola, después pasaban de largo y desposaban a otra. Sus dos hermanas, aun siendo infinitamente menos seductoras, habían celebrados dos esplendidas bodas, cada una con un rey. Psique, la mas hermosa, triste y solitaria, admirada siempre, pero jamas amada. Le parecía que ningún hombre la querría por esposa y ello causaba gran inquietud a sus progenitores. Su padre intento hallar a través del oráculo de Delfos un buen marido para Psique. El dios consintió en responder, pero su profecía fue terrible. Apolo decreto que Psique, vestida con negros crespones, debía ser llevada a la cumbre de una colina y permanecer allí sola; el marido que le seria destinado, una serpiente alada, terrible y mas poderosa que los mismos dioses, llegaría hasta ella y la haría su esposa...
No se puede imaginar el desespero que se apodero de aquellos a quienes el padre de Psique contó tan triste noticia. Se preparo a la joven como para sus funerales, y con mas lamentos que si se tratara de conducirla a la tumba la llevaron a la colina. Solo Psique permanecía animosa y decidida. " Mas que llorar por mi -les dijo- debéis hacerlo por esta belleza que me ha ganado la envidia del cielo. Marchad ahora, y sabed que deseo que pronto llegue el final". Desesperados partieron todos, abandonando a su destino a la radiante y desventurada muchacha y se encerraron en su palacio para llorar por ella el resto de sus días. 
Sobre la colina, y en medio de la oscuridad, Psique permaneció sentada a la espera. Mientras temblaba y lloraba, en la calmada noche llego hasta ella una ligera brisa, el dulce viento de Cefiro, el mas suave de los vientos. Sintió que se elevaba. Se deslizo de pies por el aire sobre la colina rocoso hasta la pradera mullida como un lecho y perfumada por las flores. El hizo lo posible para que olvidara sus penas y la durmió. Despertó después a orillas de un claro arroyo a cuya vera se elevaba un castillo imponente y magnifico. Parecía destinado a un dios, con sus columnas de oro, muros de plata y suelos incrustados de piedras preciosas. Reinaba un silencio absoluto. Su interior pareció desierto y Psique se acerco cautelosa y atemorizada a la vista de tanto esplendor. Permaneció recelosa en el umbral cuando percibió unos ruidos; no veía a nadie, pero oía las palabras con claridad: "La casa es para ti -le decían-. Entra sin miedo y báñate, refrescate; en seguida se pondrá en tu honor la mesa del banquete".
Nunca había tomado un baño tan delicioso ni probado platos tan agradables. Mientras comía, escucho a si alrededor una dulce música, como un arpa que acompañaba a un numero coro. La oía pero tampoco la veía. Todo el día estuvo sola, acompañada únicamente por las voces que escuchaba. Pero sin poderselo explicar presentía que su marido vendría al caer la noche. Y así fue. Cuando le sintió cerca de si y escucho su voz que murmuraba dulcemente a su oído, desaparecieron sus temores. Sin verle siquiera, estaba cierta que no era un monstruo ni tenia forma espantosa sino que era el amante esposo que tanto tiempo había deseado. 
Aunque esta presencia mediatizada no podía satisfacerla plenamente, sin embargo se encontraba feliz y el tiempo transcurrió rápido para ella. Pero una noche, su querido e invisible esposo le hablo muy seriamente y le advirtió que un gran peligro le amenazaba bajo la forma de sus dos hermanas. "Vuelven a la colina de donde has desaparecido para llorar por ti -le dijo-. Pero no es conveniente que te descubran. Si lo hacen me causaras una pena inmensa y te destruirás a ti misma". Prometió no dejarse ver y paso todo el día siguiente llorando, pensando en sus hermanas y en la prohibición  que tenia de no consolarlas. Pero lloro todavía mas cuando volvió su marido y ni siquiera las caricias que el le prodigaba pudieron secar sus lagrimas. Al fin, con gran disgusto, el cedió: "Haz lo que quieras -dijo- pero, te lo repito, estas buscando tu ruina, tu propia destrucción". Después, solemnemente, le explico que no se dejara persuadir para que intentara verle, pues quedaría separada de el para siempre. Psique obedeció entre protestas, pues prefería morir cien veces que vivir sin el. "Pero otorgame la alegría de ver a mis hermanas" le suplico ella. Tristemente, el se lo concedió.
Al día siguiente, llevadas por Cefiro, las dos hermanas descendieron de la montaña. Alegre, con el corazón palpitante de emoción, Psique las esperaba; su alegría era muy grande. Transcurrió largo rato antes de que las tres lograran hablarse; su alegría era muy grande y solo pudieron expresarse en suspiros. Por fin entraron en el palacio y las dos hermanas mayores revolvieron todos los magníficos tesoros. En un opulento festín escucharon maravillosa música. Y la envidia, la amarga envidia y una curiosidad devoradora se apoderaron de ellas. ¿Quien era el dueño de tal magnificencia? ¿Quien era el esposo de su hermana? Querían saberlo pero Psique, que mantenía su palabra, solo les dijo que su marido era un hombre joven que estaba participando en una cacería. Después, les lleno las manos de oro y joyas y pidió a Cefiro que las devolviera a la colina. Dejaron a Psique, pero el fuego de los celos quemaba sus corazones. Comparadas con Psique, las riquezas propias y su felicidad les parecía nada, y su envidiosa cólera creció tanto en ellas que llegaron a tramar juntas la perdición de su hermana.
Aquella noche, el esposo de Psique le advirtió una vez mas que no volviera a ver a sus hermanas. Pero ella replico que no podía dejar de verlas. ¿Tenia que prohibirle ver a sus hermanas a quienes tanto amaba? El cedió de nuevo y en seguida las dos ruines hermanas llegaron. Traían planes muy concretos. Las palabras de su hermana y sus contradictorias preguntas, cuando le pidieron que describiera a su marido, avivaron su curiosidad. Estaban convencidas de que, no solo Psique no lo había visto todavía, sino que incluso ignoraba su identidad. No le expusieron sus sospechas, pero le reprocharon por disimular tan triste situación a sus hermanas. Ellas lo habían comprendido, le dijeron, y estaban seguras de que su marido no era un hombre, sino mas bien la horrenda serpiente profetizada por el oráculo de Apolo. El de momento se mostraba dulce, pero llegaría un noche en que se arrojaría sobre ella para devorarla. 
Psique, consternada, sentía que el terror invadía su corazón e iba matando poco a poco su amor. Muchas veces se preguntaba por qué el no le permitía verle, y sospechaba que debía tener para ello alguna poderosa razón, ¿Que sabia de el en realidad? Si no era tan horrible, ¿por qué tenia la crueldad de ocultarse a su vista? Triste, temblorosa y balbuceante, dio a entender a sus hermanas que no podía negar lo que le decían, pues hasta aquel momento su marido no la había poseído sino en la mas profunda oscuridad. "Debe ocultar algo horrible para que tema tanto la luz del día" dijo ella sollozando, y les pidió consejo. 
 Ellas tenían ya todo previsto, pues lo prepararon con antelación. Psique debía ocultar un cuchillo bien afilado y una lampara al lado de su lecho. Cuando su marido estuviera profundamente dormido, ella se levantaría, encendería la lampara y empuñando el cuchillo, lo clavaría en la figura horrible que la luz descubriera.
La dejaron abrumada por la duda y fuera de si, sin saber que partido tomar. Ella le amaba y él era su amante esposo... Durante todo el día sus pensamientos luchaban dentro de ella. Cuando llegó la noche, había abandonado la lucha. Estaba decidida a matarlo...
Cuando él se durmió apaciblemente, ella se revistió de valor y encendió la lámpara. Caminando sobre las punta de los pies se acercó al lecho y, elevando la luz, contempló lo que tenia ante sus ojos. ¡Oh, su corazón sintió un profundo alivio y el mas sublimado éxtasis! La luz no le hizo ver un monstruo, sino la mas bella de las criaturas. Invadida por la vergüenza de su locura y por su poco confianza, Psique se hincó de rodillas y si el cuchillo no hubiera caído de sus manos temblorosas lo habría clavado en el propio pecho. Pero mientras se hallaba reclinada sobre el, contemplando tan gran belleza, una gota de aceite cayó de la lámpara en la espalda de aquel bello joven. Se despertó sobresaltado, vio la luz y comprendió la desconfianza de Psique, y sin pronunciar palabra se marcho. 

Psique corrió tras el.  No podía verle, pero oía su voz que le hablaba. Le dio a conocer su nombre y con tristeza le dijo adiós: "El Amor no puede vivir sin confianza" y con esas ultimas palabras la abandonó. "El dios del Amor" pensó ella era mi esposo, y yo, miserable, no tuve fe en su palabra. ¿Se ha marchado para siempre?. De todas maneras -pensó ella llena de coraje- puedo pasar el resto de mi vida buscándolo. Si el no quiere ya amarme, yo sabre demostrarle mi amor". Y se puso en camino sin rumbo fijo; solo sabia una cosa: que jamas renunciaría a volverle a encontrar. 
Entretanto, él fue a reunirse con su madre para pedirle que curara su herida, pero cuando Venus supo su historia y comprendió lo que Psique había pretendido, llena de cólera le dejo solo con su tristeza. Marcho en busca de la muchacha por cuya causa había sentido celos mortales. Venus estaba decidida a demostrar a Psique lo que cuesta escapar de la ira de una diosa. 
La pobre Psique, en su desolado vagabundear, intentaba reconciliarse con los dioses. Les dirigía continuas y ardientes suplicas, pero ninguno de ellos quería granjearse la enemistad de Venus. Psique comprendió al fin que los dioses no le ofrecían esperanza alguna y tomó una rápida decisión. Se dirigiría a Venus, se ofrecería a servirle e intentaría apaciguar su cólera. "Y quién sabe -se dijo- quién sabe si él no estará en casa de su madre". Y se puso en camino para encontrar a la diosa, quién a su vez andaba buscadola. 
Cuando las dos se encontraron, Venus se echó a reír y le dijo con desprecio si buscaba un marido, el que había tenido y que rehusaba verla después que escapo de la muerte a causa de las quemaduras que ella le causara. "Pero en verdad -dijo la diosa- eres tan descarada y te preocupas tan poco de tu aspecto que jamas encontraras un enamorado. Para darte pruebas de mi buena voluntad voy a enseñarte como hacerlo". Pidió gran cantidad de semillas de las mas pequeñas, trigo, amapolas, mijo y otras, y las mezclo en un solo montón. "Por tu propio interés, procura que todas estén separadas para esta tarde" dijo la diosa. Y tras estas palabras se fue. 
Psique quedo solo y, sentada, contemplo el montón de semillas. No cabía en su cabeza la crueldad de esta orden que la desorientaba, ademas, le parecía inútil ponerse a realizar un trabajo de tan difícil ejecución. Pero ella, que jamas despertó compasión en nadie en el mundo de los mortales ni de los inmortales, en esta penosa situación suscito la piedad de las mas pequeñas criaturas, las hormigas. "Venid, compadeceos de esta pobre criatura, ayudemoslas pronto" se decían unas a otras. Todas respondieron a este llamamiento; vinieron en masa y trabajaron afanosamente separando y amontonando, y lo que fue un montón informe se convirtió en una serie de montoncillos bien ordenados, compuestos cada uno por una variedad de semillas. Así lo encontró Venus a su regreso, y al verlo se puso furiosa. "Aun no has terminado tu trabajo", le dijo, dio un mendrugo de pan a Psique y le ordeno dormir en el suelo, mientras ella se tendría en su lecho blanco y perfumado.
Si la podía obligar por largo tiempo a un trabajo duro y penoso, e incluso hacerle pasar hambre, la belleza odiosa de esta muchacha no lo podría resistir. Entretanto, impediría que su hijo abandonara la habitación donde todavía se encontraba, sufriendo a causa de su herida. Venus se sentía satisfecha por el cariz que tomaban los acontecimientos. 
A la mañana siguiente se le ocurrió un nuevo trabajo para Psique, una faena peligrosa. "Abajo, en a orilla del rió, donde crecen unos espesos zarzales, se encuentran corderos que tienen el vellocino de oro. Ve y tráeme un poco de su brillante lana". Cuando la joven, extenuada, llego junto a la corriente de agua, intento lanzarse en ella y terminar así sus planes. Pero al inclinarse oyó una débil voz que parecía salir del suelo. Bajo los ojos y noto que la voz provenía del rosal. Le decían que no debía ahogarse, pues las cosas no se le presentaban mal. Los corderos estaban muy nerviosos y alborotados, pero si Psique esperaba un momento en que por la tarde salían de sus rediles para descansar y abrevar a la orilla del riachuelo, solo tendría que entrar en los corrales y recoger los copos de lana enganchados en las zarzas.
Así hablo el dulce y gentil rosal, Y psique siguiendo su consejo recogió gran cantidad de hilos de oro para su cruel dueña. Venus la recibió con helada sonrisa. "Alguien te ha ayudado -le increpo bruscamente- tu sola no lo habrías podido realizar. Te voy a dar otra ocasión de probar que tienes el corazón tan decidido como aparentas. ¿Ves aquella agua tan negra que desciende de la colina? Es el nacimiento del río terrible y aborrecido, el Estige. Llena este frasco". Era la prueba mas dura que le habían impuesto. Psique se dio cuenta al llegar a la cascada. Las rocas que la rodeaban eran escarpadas y deslizantes; el agua se precipitaba por lugares tan abruptos que solo una criatura alada podía aproximarse. Y efectivamente, un águila la ayudo. Planeaba con sus enormes alas por los alrededores cuando vio a Psique y se compadeció de ella. Con su pico le arrebato el frasco de sus manos, lo llenos de agua negra y se lo devolvió. 
Pero Venus se dio cuenta. Todo lo que ocurría la incitaba a pruebas mas difíciles, dio una caja a Psique con la consigna de llevarla al hades y rogar a Proserpina, reina del mundo subterráneo, que metiera en ella un poco de su belleza. Psique debía insistir sin desmayos y hacer comprender a Proserpina que Venus padecía necesidad urgente, pues estaba ajada y agotada de atender a su hijo enfermo. Obediente como siempre, Psique se fue a buscar el camino que conducía al Hades. Cuando pasaba ante una torre, esta se ofreció a guiarla y le señalo el rumbo que la llevaría al palacio de Proserpina: debía pasar primero por un gran agujero que había en la tierra y después por el río de la muerte donde debía entregar una moneda al barquero Caronte para que la transportara a la otra orilla. Allí el camino descendía recto al palacio. Cancerbero, el perro de tres cabezas, guardaba las puertas, pero si ella le ofrecía un dulce se amansaría y le permitiría entrar. 
Todo ocurrió como la torre anuncio. Proserpina no deseaba mas que servir a Venus; Psique, muy animada, tomo la caja y volvió mas rápido de lo que había ido. 
Llevada por la curiosidad, y mas todavía por su vanidad, quiso ver el encanto que la caja contenía y, a poder ser, usar un poco ella misma. Al igual que Venus, sabia que su belleza estaba resentida por los sufrimientos y no le abandonaba un instante la idea de recobrar a Cupido. ¡Ojala otra vez pudiera volverse mas bella para el! Incapaz de resistir la tentación, abrió la tapa y con gran desencanto no encontró nada; estaba vacía. Entonces un decaimiento mortal se apodero de ella y cayo en un profundo sueño.
En este critico momento intervino el dios del Amor. La herida de Cupido ya había curado y deseaba ardientemente encontrar de nuevo de Psique. Es difícil contener el amor. Venus había cerrado las puertas, pero quedaban las ventanas. Nada mas fácil para Cupido que escapar por una de ellas y buscar a su esposa. En un momento arranco de los ojos de Psique y lo encerró en la caja. Después despertó a su mujer con un beso. La riño un poco por su curiosidad, le dijo que llevara a su madre la caja de Proserpina y le aseguro que todo en adelante tendría un feliz desenlace.
Mientras Psique se apresuraba a obedecer, el dios del amor se marcho al Olimpo. Quería asegurarse de que Venus no le pondría mas dificultades y planteo el caso ante Júpiter. El padre de los dioses y de los hombres consintió enseguida en todo lo que Cupido le pedía. Convoco a los dioses y les anuncio (a Venus y a los demás) que Cupido y Psique estaban oficialmente casados y propuso conceder la inmortalidad a la esposa. Mercurio elevo a Psique hasta el cielo y la deposito en el palacio de los dioses. El mismo Júpiter le hizo gustar la ambrosía que le otorgaba la inmortalidad. Esto, naturalmente, cambiaba la situación. Venus no podía ya censurar a la diosa que había llegado a ser su bella nuera. Se imponía una alianza y así pensó que Psique, viviendo en el cielo con su marido, le faltaría tiempo para bajar a la tierra, acaparar la atención de los hombres e inmiscuirse en su culto.
Todo termino felizmente. El amor y el Alma (que el lo que significa Psique en griego) se buscaron y tras duras pruebas se encontraron. Y esta unión no debía romperse jamas. 


Cupido es la personificación del deseo amoroso intenso y Psique personifica al alma humana, símbolo del alma purificada por las pasiones y las desgracias, y preparada para disfrutar, dentro del amor, de la felicidad eterna.
Algunas atribuyen como hija de ambos a la Voluptuosidad.

En este mito se manifiesta la perseverancia de Cupido cuando se encuentra poseído por la pasión y la de Psique que ha de superar numerosos trabajos para lograr alcanzar la felicidad del amor. 
Espero que les haya gustado este mito!! A mi me parece hermoso!!! 
Les dejo un beso enorme!!

Aghy!!

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